19 de marzo de 2011

♥*♥

Esta es la historia de un príncipe, una princesa y un consejero...


El príncipe le decía constantemente, CASI al oído a ella, que no diera lugar a la duda.
Que sus dulces palabras podían crear en el tercero una cierta ilusión transitoria/duradera que no haría bien a su propia relación(la que el y ella tenían).
Que no le gustaba herir a los demás, que simplemente deseaba que las cosas se dieran lo más sencillo y transparente posible.


Ella, segura de si misma, anidó todas sus vivencias, las escribió en un papel y se las entregó al individuo en cuestión, con el único objeto de recibir el consejo más honesto de todos. Al momento de recibir la respuesta su voz la hipnotizó, la dejo en blanco, escuchó lo que tenía para decir el consejero y necesitó más. No se contentó con esto solo, volvió a escribirle. Pasaba horas enteras esperando respuestas, intentando escuchar algo que no tenia sonido, perdiéndose entre las nubes buscándole alguna forma que llamara su atención, sintiendo en el viento un aroma a verano que se está por terminar...

El consejero, además de dar consejos, (que podría considerarse su labor principal), la mantenía tan entretenida, que se perdieron en el tiempo.

Se perdieron ellos, perdieron la noción del tiempo, y en donde estaban parados. Entraron en una nebulosa, en una umbra, se escondieron entre las estrellas, a la vuelta del sol, y jugaron en uno de los anillos de júpiter. Sin darse cuenta, se volvieron complices, casi simbioticos a pesar del disgusto de muchos; a pesar del disgusto del príncipe, que, sabiamente, había anunciado la posible conexion. (Lo que el príncipe jamás entendió, es que la misma iba a ser tan intensa, tanto que llego a confundirla a ella)


Y así es el comienzo de esta historia, y el final de otra...

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